Viviendo una nueva crisis de adolescencia. Con un fondo medio distinto pero los mismos síntomas.Síntomas característicos.
Volvió la necesidad de escribir, de escribir todo lo que se me cruza por la cabeza, ideas, sentimientos tirados así, en desorden, para expulsar el relleno de mi alma.
Me cansé de la gente. Me alejo de mis amigos de siempre y no tomo muy en serio las nuevas amistades. Pausa en mi vida social, gente que logra penetrarla pero que echo seguido.
Perdiéndome muchas cosas por causa de mis impulsos, mis caprichos, mi comportamiento de nena malcriada.
Eso se explica por un sentimiento pueril de soledad, una impresión de incomprensión por parte de la gente que está al rededor mío. Me siento sola pero hago todo para quedarme sola. Me siento incomprendida y creo que me gusta. Como mis antiguas ídolos de los 15, artistas incomprendidos, crucificados en el apogeo de su gloria, inocentes ángeles desaparecidos de manera prematura en el grito silencioso de la soledad.
Patético.
Y como me voy a olvidar de la ira, del asco, del sentimiento de injusticia. Desarraigada, extranjera en casa, cuerpo en un lugar, alma y corazón en otro, sombra, fantasma, desgarrada, exiliada.
Sobreviviendo gracias a un amor lejano idealizado, vivido como el de una película. Eso soy, heroína de una historia de amor hermosa, violenta, apasionada, dolorosa, irreal e imposible.
Sobreviviendo gracias a nuevos ideales, objetivos de vida un poco más ambiciosos de los que tenía a los 15.
Utopía, así será mi vida.
Ya empezará cuando se me pase la "tal crisis".
Una vida en castellano.